En una pequeña tienda china, la caja registradora puede ser simplemente un trozo de plástico colocado junto a la olla de baozi: un código QR de WeChat Pay, Alipay o un sistema bancario.
El cliente escanea, introduce 12 yuanes, escucha un sonido de “pago recibido” y se marcha. No hay tarjeta, terminal físico ni cambio en efectivo. Pero jurídicamente, detrás de ese pequeño cuadrado existe una infraestructura bastante más sofisticada. El pago conecta al consumidor, al comerciante, a una institución de pago autorizada, a una cuenta de liquidación y a sistemas de identificación y supervisión. Además, el hecho de cobrar mediante QR no elimina obligaciones fiscales ni permite al comercio rechazar automáticamente el dinero en efectivo.
Por eso, en China el código QR funciona casi como una caja registradora digital en miniatura.
Qué ocurre realmente cuando escaneas el código
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