Cada año, antes de la Fiesta del Medio Otoño, en China circula una mercancía bastante peculiar: miles de personas compran, reciben, regalan y revenden pasteles de luna que, en realidad, nunca llegan a ver.
Lo que cambia de manos es un pequeño cupón de papel o un código electrónico: el cupón de pasteles de luna (月饼券). Su titular puede acudir más tarde a una pastelería, hotel o cadena comercial y cambiarlo por una caja determinada de mooncakes.
Hasta aquí parece una simple tarjeta regalo. Pero alrededor de estos cupones se ha desarrollado durante años un curioso mercado secundario: empresas los compran como obsequios, empleados los reciben sin querer necesariamente los pasteles, intermediarios los recompran con descuento y otros consumidores vuelven a adquirirlos. De ahí que en China se haya hablado, medio en serio y medio en broma, de la “securitización del pastel de luna”.
Naturalmente, no estamos ante valores financieros en sentido jurídico. Pero el fenómeno muestra cómo una caja de comida tradicional puede transformarse temporalmente en un activo transferible, descontable y fácilmente convertible en dinero.
Antes del pastel está el cupón
Desde el punto de vista regulatorio, el cupón de pasteles de luna entra normalmente en la categoría de tarjeta comercial prepago de uso único (单用途商业预付卡): un instrumento prepagado que solo puede utilizarse para adquirir bienes o servicios del emisor, de su grupo empresarial o de una misma red de franquicia.
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