Cuando se habla del mercado laboral chino, una de las expresiones más conocidas fuera del país es “996”: trabajar de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días a la semana. Durante años, esta fórmula quedó asociada especialmente a empresas tecnológicas, plataformas de internet y sectores altamente competitivos, hasta el punto de que puede parecer que China carece de límites jurídicos claros sobre la jornada laboral.
La realidad legal es casi la contraria. El derecho chino establece una jornada estándar, limita expresamente las horas extraordinarias, fija recargos obligatorios y reconoce que un trabajador puede rechazar un régimen de horas extra contrario a la ley. En 2021, el Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social y el Tribunal Popular Supremo publicaron incluso un caso típico en el que una empresa había establecido exactamente un horario de 9:00 a 21:00, seis días por semana. Las autoridades concluyeron que ese sistema vulneraba gravemente los límites legales y que el trabajador podía negarse a cumplirlo sin ser despedido legítimamente por ello.
Entonces, ¿por qué siguen existiendo las jornadas excesivas? El problema no está tanto en la ausencia de normas como en la distancia entre el tiempo de trabajo que figura sobre el papel y la forma en que realmente se organiza el trabajo, especialmente cuando las horas extra se presentan como voluntarias, se ocultan tras objetivos de rendimiento o continúan después de salir de la oficina mediante WeChat, DingTalk o correo electrónico.
La regla general: ocho horas al día y cuarenta a la semana
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